Del diseño de espacios al diseño de experiencias: reflexiones sobre el futuro de la hotelería

La semana pasada tuvimos la oportunidad de participar en el Gran Debate Hotelero & Design Hospitality celebrado en Tenerife, un encuentro que reunió a profesionales del sector turístico, hotelero, arquitectónico y del diseño para analizar algunos de los desafíos que marcarán el futuro de la industria.

Sostenibilidad, tecnología, rentabilidad, experiencia de cliente o atracción de talento fueron algunos de los temas que protagonizaron la conversación. Sin embargo, a medida que avanzaba el debate, había una idea que aparecía una y otra vez desde diferentes perspectivas: la hotelería está evolucionando hacia un modelo cada vez más centrado en las personas.

Y esa evolución también está transformando la forma en la que diseñamos los espacios.

Del diseño funcional al diseño experiencial

Durante años, los proyectos hoteleros se planteaban principalmente desde la funcionalidad y la estética. El objetivo era resolver correctamente la operativa, optimizar recorridos y crear espacios atractivos para el huésped.

Hoy seguimos trabajando con esos mismos condicionantes. Los presupuestos continúan marcando las decisiones, los plazos siguen siendo determinantes y muchas reformas deben ejecutarse mientras el hotel permanece abierto.

Pero la pregunta que nos hacemos ha cambiado. Ya no diseñamos únicamente pensando en cómo será un espacio, sino en cómo queremos que se sienta quien lo habite.

Como explicó Mary Carmen Sierra durante el encuentro, “hace años diseñábamos para resolver necesidades funcionales y estéticas. Hoy diseñamos para generar experiencias, emociones y recuerdos”. Una reflexión que resume perfectamente la evolución que ha vivido el sector en los últimos años.

Los hoteles ya no buscan únicamente una piscina más atractiva, un restaurante más eficiente o un lobby más espectacular. Buscan espacios capaces de reforzar su identidad, conectar con sus huéspedes y formar parte de los recuerdos de quienes los visitan.

Porque un espacio nunca es solo un espacio. Puede convertirse en un lugar de encuentro, de desconexión, de inspiración o de celebración. Y es precisamente ahí donde el diseño adquiere una nueva dimensión.

Escuchar al hotel para entender al huésped

Ese cambio de enfoque también ha transformado la manera de abordar los proyectos. Hoy resulta imposible diseñar un hotel únicamente desde los planos. Necesitamos comprender cómo funciona, quiénes son sus huéspedes y cómo interactúan con los espacios.

Por eso, en muchos proyectos, la fase de observación se ha convertido en una parte esencial del proceso creativo. Nos alojamos en los hoteles, recorremos sus instalaciones y analizamos cómo se comportan los clientes en los distintos espacios.

Porque, como señaló Mary Carmen durante el debate, “es muy distinto diseñar un hotel desde fuera que diseñarlo después de haberlo vivido”.

Durante la conversación compartió el ejemplo de una reforma en uno de los bares de un hotel. La propuesta inicial apostaba por una distribución amplia y confortable. Sin embargo, tras observar el comportamiento de los huéspedes, descubrieron que estos buscaban algo completamente distinto: espacios más sociales, mesas más próximas y una atmósfera mucho más dinámica.

Aquella experiencia puso de manifiesto una realidad fundamental: el propietario conoce profundamente a su cliente y el papel del diseñador consiste en traducir ese conocimiento en espacios capaces de responder a sus necesidades reales.

La escucha, la observación y la inmersión forman hoy parte del propio proceso creativo.

Cuando la experiencia comienza antes de la llegada

Otro de los aspectos que surgió durante el debate fue cómo ha cambiado la relación entre los hoteles y sus clientes. La experiencia del huésped ya no comienza cuando llega al establecimiento. Empieza mucho antes.

Comienza cuando descubre una imagen en redes sociales, cuando navega por una página web o cuando compara distintas opciones antes de realizar una reserva.

Cuando finalmente decide reservar, ya ha construido una expectativa sobre lo que va a encontrar.“Cuando un cliente reserva, ya ha imaginado cómo será su estancia”, apuntó Mary Crmen durante su intervención.

Por este motivo, diseño, marketing y comunicación trabajan hoy más unidos que nunca. Los espacios no solo deben funcionar bien; también deben ser coherentes con la identidad del establecimiento y con la promesa que la marca transmite al cliente.

Existen rincones concebidos para generar notoriedad o convertirse en elementos reconocibles dentro de un hotel. Pero el objetivo nunca debería ser únicamente la imagen. La verdadera diferencia está en crear espacios capaces de emocionar y conectar con las personas. Porque cuando la experiencia es auténtica, la fotografía llega sola.

El reto de encontrar el equilibrio

Uno de los debates más interesantes de la jornada giró en torno a una pregunta aparentemente sencilla: ¿es posible ser sostenibles, rentables, eficientes y, al mismo tiempo, crear experiencias memorables?

Para Mary Carmen, la respuesta pasa por encontrar el equilibrio. La evolución de los materiales y los sistemas constructivos permite hoy reducir el impacto de las reformas, minimizar residuos y optimizar recursos de una forma impensable hace apenas unos años.

Pero la sostenibilidad no depende únicamente de los materiales. También implica saber aprovechar mejor lo que ya tenemos. En Canarias contamos con recursos extraordinarios que forman parte de nuestra identidad: la luz natural, el clima, la conexión con el exterior o el paisaje. Elementos capaces de generar bienestar y calidad espacial sin necesidad de grandes artificios.

“No se trata de elegir entre sostenibilidad, experiencia o rentabilidad. El reto está en encontrar el equilibrio y aprovechar de forma inteligente los recursos que ya tenemos a nuestro alcance”, explicó durante el debate.

La sostenibilidad, la experiencia y la rentabilidad no deberían entenderse como conceptos enfrentados, sino como piezas de una misma estrategia.

Diseñar también para quienes hacen posible la experiencia

Si hubo un aspecto que generó consenso durante el encuentro fue la creciente importancia que están adquiriendo las personas que trabajan dentro de los hoteles.

Cada vez más establecimientos destinan recursos a mejorar los espacios para sus equipos: comedores más confortables, zonas de descanso, áreas de bienestar o alojamientos para becarios y personal desplazado. Pero más allá de estos espacios específicos, existe otro aspecto igualmente importante: la operativa.

Las circulaciones internas, los recorridos de servicio o la organización de las áreas de trabajo tienen un impacto directo en la calidad de vida de quienes forman parte del hotel y en la eficiencia del establecimiento. Y eso acaba repercutiendo también en la experiencia del huésped. Como destacó Mary Carmen, cada vez más propietarios entienden que cuidar a sus equipos también es una forma de cuidar al cliente, y por eso los espacios destinados al personal han dejado de ser secundarios para convertirse en una prioridad dentro de muchos proyectos.

Porque cuidar a quienes hacen posible la hospitalidad es también una forma de cuidar la hospitalidad.

La tecnología como herramienta

La inteligencia artificial también tuvo su espacio dentro de la conversación. Como ocurre en muchos otros sectores, las nuevas herramientas están transformando la forma de analizar información, visualizar proyectos o comprender determinados comportamientos de los usuarios.

Sin embargo, durante el debate quedó claro que la tecnología seguirá siendo una herramienta al servicio de las personas. Puede ayudarnos a diseñar mejor. Pero, como recordó Mary Carmen, “seguirá siendo la sensibilidad humana la que determine cómo queremos que alguien se sienta dentro de un espacio”.

La creatividad, la observación y la empatía continúan siendo elementos insustituibles.

Una hotelería más humana

Quizá esa sea la principal conclusión que nos llevamos de esta jornada. La hotelería del futuro será más tecnológica, más eficiente y más sostenible. Pero también tendrá que ser más humana. Más conectada con las emociones de quienes la visitan. Más consciente de las necesidades de quienes trabajan en ella. Y más capaz de entender que los espacios no son únicamente lugares físicos, sino escenarios donde suceden experiencias, recuerdos y emociones.

En L’ATELIER creemos que esa es la verdadera evolución del diseño hotelero.

Porque al final, detrás de cualquier proyecto, siempre hay algo mucho más importante que la arquitectura o el interiorismo. Hay personas.

Y como resumió Mary Carmen durante el encuentro, “nuestro trabajo no consiste únicamente en diseñar hoteles. Consiste en crear escenarios donde las personas van a vivir experiencias, generar recuerdos y construir emociones”.

Diseñar para ellas seguirá siendo el reto más apasionante de nuestro trabajo.

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